"Mientras yo tenga vida, mi función es luchar contra el error religioso, la mentira en el plano de lo sacro y el Padre de la Mentira. Sin eso, no puedo salvar mi alma, ni me es lícito dormir, ni comer siquiera." (Padre Leonardo Castellani)

sábado, 4 de julio de 2020

Jesús en el Talmud

Artículo publicado en la revista EINSICHT, año 43, núm. 4 (Junio de 2013), págs. 54-56. Visto en el blog Miles Christi

JESUS EN EL TALMUD: ¿HA VENCIDO CAIFAS, Y NO EL GALILEO?
Una nueva mirada a la presentación del Redentor en el antiguo Talmud

Reseña por el docente Dr. Friedrich Romig



Si todavía fuera necesaria una prueba de la incompatibilidad entre cristianismo y judaísmo, entre fe cristiana y fe judía, la dio de una manera que apenas se puede superar en erudición y claridad, el renombrado director para los estudios judíos de la famosa universidad de Princeton (Estados Unidos) Peter Schäfer, con su libro titulado “Jesús en el Talmud”[*] (2007) que ahora también ha aparecido en idioma alemán. La aprobación que ha experimentado casi al unísono de sus colegas y revisores judíos, deja en claro el giro que ha tomado el diálogo cristiano-judío en los últimos tiempos. Se basa en la honestidad, y no en la simpleza de “nuestros hermanos mayores”, del “origen común de la tribu de Abrahán” o “del mutuo respeto” y de la mutua “tolerancia”, que excluye la cuestión de la verdad y que no toma en serio ninguna de las diferentes creencias. De todos modos, ante el intento de ofertas de acercamiento por parte del lado cristiano, el verdadero Talmud judío solo contiene desprecio y burla. Donde las autoridades vaticanas se esfuerzan en absolver a los judíos del asesinato de Cristo, los rabinos seguros de su fe se golpean con confianza el pecho: a Jesús, ese blasfemo e idólatra, se le suministró su justo castigo. Insisten en que el proceso de juicio de Jesús no fue ante un tribunal romano, sino ante el Sanedrín, tribunal supremo de los judíos, en donde Caifás se rasgó las vestiduras cuando condenó a muerte al carpintero porque se equiparó con Dios. “Sí”, según los rabinos en el Talmud: “nosotros asumimos la responsabilidad y no hay ninguna razón de la cual avergonzarnos, porque tenemos a un blasfemo e idólatra condenado legítimamente. Jesús ha merecido su muerte, y él sólo ha conseguido lo que merecía” (Pág. 18). No hay ninguna justificación para la “secta cristiana que insolentemente afirma ser la nueva alianza y se establece como una nueva religión (y nada menos que como una iglesia con poder político)” (Pág. 19).
     
Ante este eminente peligro que se avecinaba para el judaísmo después del viraje de Constantino con la promoción del cristianismo a la altura de Religión de Estado, los rabinos, que se habían refugiado en el imperio persa, dejan volar su imaginación en torno a debilitar la fe de los cristianos. Persia está en guerra permanente con los emperadores bizantinos, y por esta razón, apoya a los judíos anticristianos a la preparación del Talmud de Babilonia, que se convierte en la fuente más importante de la imagen de Jesús que el judaísmo mantiene hasta nuestros días. Según Schäfer, los lugares de Jesús en el Talmud babilónico y, en menor medida, en el Talmud palestino, deberían leerse y comprenderse como una “contra-narrativa” del Evangelio a través de la cual el judaísmo, luchando por su autoafirmación, fortalece su autoconciencia lleno de orgullo implacable que todavía se expresa en el humor y el deseo de hacer una parodia de la fe de Cristo. Schäfer trae a un orden sistemático la situación de Cristo esparcida en el Talmud, dejando así en claro ante los ojos, la contradicción con el mensaje cristiano: antecedentes familiares, etapas de estudiante, docencia, arte de la curación, ejecución y pena de infierno de Jesús; forman las rúbricas de los libros para colección e interpretación del lugar que Jesús ocupa en el Talmud.

El origen familiar de Jesús, en este recuento histórico, está en el desliz que dio María, una mujer casada o comprometida, que estuvo involucrada con un legionario romano y que atribuyó el fruto del legionario a la “Sombra” del “Espíritu Santo”. Aunque ella, en lugar de repudio y lapidación, logró ganar el perdón de su cornudo marido o prometido, no obstante, para los rabinos talmúdicos, no es otra cosa que una “prostituta”. (Cf. Págs. 37, 39 y así). El  punto central de esta narrativa sobre el origen de Jesús en el Talmud consiste en que Jesús por su padre romano, no sólo es un bastardo, sino que también era hijo de un no-judío (Pág. 40). De la descendencia de la noble casa de David, como sugiere el Nuevo Testamento, por supuesto, no cabe en absoluto ningún reclamo. “Toda la idea de la divina ascendencia de Jesús, su reclamo de ser el Mesías y finalmente, nada menos que el Hijo de Dios”, no es otra cosa que un “fraude” para los rabinos (Pag. 45 y siguiente).

En el tiempo escolar de Jesús, sus maestros tienen que lidiar con un discípulo rebelde y sexualmente libertino. Él sigue a su madre, la infidelidad está en su sangre. Él interactía con una famosa prostituta (Luc. 7, 36-50) y con ello prueba a los rabinos que no es ningún profeta. Él hace escuchar a María Magdalena, ella lava sus pies, peina sus cabellos y él besa su “boca” en público. Estas frivolidades, pintadas por el Talmud en forma pornográfica, se dice que fueron la causa para que los maestros del joven Jesús lo “excomulgaran” en vida, esto es, lo expulsaran de la comunidad judía. Los judíos buscan, ése es el mensaje del talmudista, no tratar con el cristiano y nunca dejarse “abrazar” o proselitizar por ellos. Para los rabinos, los cristianos judíos pertenecen a los fenómenos más repugnantes de la tierra de Dios que “no tendrán ninguna parte en el mundo venidero (salvado)”.

Los rabinos no niegan que Jesús tuvo poderes mágicos, que expulsaba demonios, curaba enfermos y resucitaba muertos. Lo que le acusan a él y a sus sucesores es el abuso de esas fuerzas. Jesús cura en su propio nombre, no en el nombre de Dios, el usa su poder mágico por sí mismo para hacerse pasar como “Dios” y, por lo tanto, demuestra ser un gran impostor y estafador. Y eso, a los ojos de los rabinos, es también a quien se le pasan las “llaves” que simbolizan el acceso a los procesos mágicos de “atar de desatar”. La magia y la idolatría son también las razones por las que el Sanedrín condenó a Jesús a ser clavado en la Cruz en vísperas de Pascua. En la medida en que los soldados romanos estuvieron involucrados en la ejecución de la sentencia, ejecutaron el castigo pronunciado por los judíos. El Talmud insiste en ello: “Jesús fue ejecutado por el derecho rabínico” (Pág. 145) y no por el derecho romano. 

Según la narrativa talmúdica, Jesús es “muerto una y otra vez en sus discípulos”. La astuta condena de los rabinos a sus discípulos en el Talmud babilónico es la culminación de la disputa sobre Jesús y la cristiandad. Desde el principio, los prosélitos y discípulos son descriptos por los judíos como “el engaño de los engañadores”; por ejemplo, porque ellos robaron el cadáver de Jesús de la tumba y para pretender su resurrección. Ni ellos ni Jesús tienen ninguna participación en el mundo venidero. En lugar de ir al cielo, Jesús hierve para siempre en el infierno. Jesús pertenece junto con Tito y Balaam a los tres archienemigos de Israel, los cuales purgan en el infierno su merecido castigo. Tito, el destructor del Templo, se quema y sus cenizas son esparcidas en el mar, se filtran repetidamente y se vuelven a hornear, para luego volver a quemarse. Balaam, quien trajo a Israel el culto de Baal-Peor[1] con sus orgías, excesos sexuales y libertinaje, está sentado en esperma hirviendo. Y Jesús, que se hizo pasar por Dios queriendo disolver  el antiguo pacto de Dios con Israel y reemplazarlo por un nuevo pacto con él, está sentado en “excremento hirviendo” (Pág. 25) que constantemente de nuevo excretan sus seguidores cuando éstos, como dijo él, comen su carne y beben su sangre (cf. Pág. 185) y en lugar de tener vida a través de él, ellos compartirán el destino de su “señor” y también como él, se asarán a fuego lento en el infierno. Difícilmente puede haber una ridiculización y parodia más drástica y burlona de la Resurrección, ascensión al Trono de Dios y la Eucaristía, núcleo de la fe cristiana.
    
Estaría mal rechazar todo esto como quimeras de unos pocos rabinos enloquecidos, pues el impacto de las observaciones esparcidas sobre Jesús por el Talmud, es asombroso. En la Edad Media ellos condensan el tratado Toledot Jeschu que todavía hoy es leído por todos los estudiantes del Talmud. Según lo enseñado y dotado por Schäfer, en la edad moderna podemos continuar pensando que la astuta argucia de los rabinos en el Talmud es el punto inconsciente de partida consciente para la crítica religiosa de la “Ilustración”. El rechazo de la justificación de la divinidad de Jesús, de su nacimiento de una Virgen mediante el Espíritu Santo, de la resurrección y abandono de su tumba, de su ascensión al cielo, del evento de Pentecostés con el regreso de él como un espíritu, son en tiempos modernos impugnaciones al conjunto de las partes pertenecientes a la fe cristiana, gradualmente erosionada por personas semi-educadas e incluso falsos teólogos cristianos. Los resúmenes del Talmud sobre el origen dudoso de Cristo, su vida escandalosa, el espectáculo espeluznante de los cultos y de bebedores de sangre que han acostumbrado son, mientras tanto, convertidos en objeto de “arte” degradado, de de la industria del entretenimiento. En la Opera-Rock “Jesucristo superestrella” (Rice/Weber), y una película él todavía en la cruz experimenta sus “últimas tentaciones” de naturaleza sexual (Scorcese); cuando era joven, celebraba su “boda” con una relación sexual (Ingrisch/Einem), se rodea con sus “Hawara” (W. Teuschl) [2], se siente bien “en mala compañía” (infierno) y finalmente se vuelve una grotesca orgía de misteriosos juegos simbólicamente manchados con sangre y excremento (Nitsch) [3], justamente como dice el Talmud.

Uno de los mayores méritos de Peter Schäfer radica en que él, con sus meticulosas investigaciones, nos ha llevado a las raíces talmúdicas de la pérdida de la fe cristiana, que a través de la “Ilustración”, la modernidad y la decadencia, descompone nuestra cultura desde adentro. Lamentablemente, por eso tenemos que admitir hoy que desde desde el Vaticano II la Iglesia en su actividad pastoral, doctrinal y litúrgica, no pudo ni quiso escapar de aumentar su proceso de judaización, cayendo así de rodillas ante su verdadero enemigo entre sinceros mea culpas y solicitudes de reconciliación y de perdón, distanciándose así  de sus más grandes santos Advérsus Judǽos como Ambrosio, Agustín o Crisóstomo, y rindió homenaje  a la nueva religión del Holocausto perdiendo así su credibilidad. Hoy, gracias a la “Ilustración”, casi nadie puede confesar la fe sin reservas mentales; quien dice lo que piensa,  afirma públicamente los preceptos morales de la Iglesia y llama pecado a lo que es pecado (por ejemplo la homosexualidad, el aborto, la eutanasia o la blasfemia), es clasificado y acosado como “inadaptado social” (Caso Buttiglione) o se le impide hablar (Caso Benedicto XVI en la Universidad Romana “La Sapienza” en Febrero del 2008). Ahora, para los extraños, parece que  ha ganado Caifás y no el Galileo.
  
[*] Peter Schäfer: Jesús en el Talmud. Del Inglés por Bárbara Schäfer. Mohr Siebeck, Tubinga 2007. ISBN 978-316-149462-8. 325 páginas. € 29. Reseña publicada en ZUR ZEIT, Nro. 11 – 12, del 14 – 27 de Marzo de 2008, pág. 25 en forma abreviada (Las partes reproducidas en negrita han sido víctimas de la reducción por parte de los editores.-

NOTAS DEL TRADUCTOR
[1] Aunque Balaam es descrito como “hijo de Beor”, este Beor nunca ha sido identificado, y es notable la estrecha similitud fonética con Peor. Si existe la identidad entre Beor y Peor, entonces el “hijo de Beor” se limita a señalar a Balaam como un profeta de Baal-Peor (en hebreo בַּעַל-פְּעוֹר‎ baʿal-pəʿōr, “señor de la brecha”, traducido en la Septuaginta como Βεελφεγώρ y en la Vulgata como Beelphegor), un Baal que es identificado en la inscripción de Deir ʿAlla con la deidad solar Shamash adorada en el monte Peor. (Alternativamente Balaam significa y es una corrupción de Baalim/בְּעָלִים, el plural de Baal que significa “los Baales”, o “todos los Baales” (emparentado con  todos los dioses). 
[2] “Hawara” es la variación vienesa del hebraísmo alemán “haber” (del hebreo חָבֵר/khavér; a través del yidís חבֿר/khaver), cognado al holandés “gabber”, holandés “chaver”, al húngaro “haver” y al finlandés “kaveri”, que se puede traducir como “amigo” (varón), “novio” o –en el caso del antiguo Partido Sionista Socialista de los Trabajadores, “camarada”–. “W. Teuschl” (Wolfgang A. Teuschl) es el nombre de un escritor y cabaretista austríaco (Viena, 26-IV-1943/21-IX-1999), autor del Wiener Dialekt Lexikon (Léxico del dialecto vienés) y de “Da Jesus und seine Hawara. Das Neue Testament im Wiener Dialekt” (“Este Jesús y sus amigos: el nuevo Testamento en dialecto vienés”).
[3]  “Nitsch” (Hermann Nitsch), otro “artista” judío austríaco cuyas parodias públicas sobre Cristo también se pueden hallar en “Google” con sólo poner Nitsch. Las imágenes no son aptas para menores de edad o personas impresionables.

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